Grupo Espiritualidad Itinerario de la Persona

6. LA ESPIRITUALIDAD DEL PROFESIONAL.

El profesional que quiera trabajar esta dimensión de la realidad del morir debe proveerse de las herramientas adecuadas, cultivando su propia dimensión espiritual y promoviendo su hospitalidad, presencia y compasión.

Un encuentro entre el que sufre y el que le acompaña desde la simetría moral

La aparición de la enfermedad de final de la vida sitúa a la persona ante la necesidad de desbloquear aquellas capas de su self que le han hecho ir perdiendo su identidad más primaria: su estatus, sus roles, las preocupaciones cotidianas intranscendentes, etc.

El hombre, entonces, se sitúa desnudo frente a sí mismo y esa desnudez, en principio, provoca temor, incertidumbre y sensación de desprotección. Es ahí donde los recursos espirituales le pueden ayudar a renombrarse a sí mismo, a re-situarse en lo esencial frente a lo accesorio.

Ese proceso, que tiene mucho de regresivo, de vuelta al estado original, no es fácil hacerlo sin ayuda, bien sea de sus propios recursos espirituales y su trabajo interno exploratorio y atrevido, bien sea del apoyo espiritual de su entorno o de los profesionales. Es ahí donde se puede producir el paso del desnudo al vínculo.

Es paradójico, pero uno puede acabar encontrándose profundamente con uno mismo en la medida en que se vincula con alguien que le sostiene en su experiencia de búsqueda-sufrimiento y que le ayuda a no caer.

De hecho, parte de nuestro trabajo de apoyo espiritual estriba en la capacidad de sostener en el dolor, durante el viaje que el propio sujeto va haciendo en el interior de sí mismo. Una vez que llega, también paradójicamente, es cuando puede transcender su self y encontrarse con lo que le vincula más allá de su propia existencia.

El problema es que el profesional, para acompañar, también se encuentra desnudo, pues la desnudez humana del paciente le vincula con su desnudez más profunda y eso suele ser temido. Tengamos en cuenta que en otros ámbitos tenemos objeto de mediación (llamémoslo fármaco, ayuda económica o pomada para las úlceras por decúbito).

Pero en el terreno espiritual es el encuentro persona a persona. Esto no significa una relación privada de amistad, pero sí un encuentro entre la persona-paciente y la persona-profesional, un encuentro por tanto personal. Y aquí es donde nos podemos sentir im-potentes, es decir, sin poder, que es una de las claves habituales desde se conforma la relación. El encuentro personal-espiritual nos coloca en condiciones de simetría y nos enfrenta a nuestra propia condición humana. Por eso es tan difícil, por eso estamos ante un reto personal y profesional de hondo calado.

La clave para acompañar (para ampliar acceder al capítulo IV de la Guía de Acompañamiento espiritual SECPAL accesible en esta web)

El profesional que ha tenido la experiencia personal de afrontar y aceptar su propio sufrimiento, o cuando su experiencia de vida le ha llevado a aceptar su mortalidad domesticando el miedo, o al menos cuando su compasión hacia el que sufre y por los enfermos y sus ganas de aliviar su sufrimiento es mayor que su miedo a morir, entonces puede acompañar a los pacientes a través de su tristeza y su dolor por tener que morir y una vez atravesado este espeso campo, encontrar el gozo de compartir la condición eterna de la dimensión inmortal, en este nivel más profundo, la compasión es sanadora, repara y disuelve el miedo a través de traspasar la visión estrecha y amenazante que nos da nuestra condición mortal.

Se trata de que el profesional, desde la confianza y coraje, desde su experiencia de haberse entregado y comprobado que solo gana, aumenta y crece cuando rebaja las expectativas del yo y, desde esta confianza, se atreve a acompañar y ayudar al enfermo a recordar que el sufrimiento se encuentra en la superficie de nuestra conciencia y que, en una dimensión más profunda, estamos siempre sanos e íntegros.

Con este modelo en mente, queda evidente que la capacidad de sanar depende también en buena parte del sanador, de la madurez y experiencia del propio profesional, ya que nadie puede acompañar a otro mas allá de donde uno mismo ha llegado.

Profundizar en sí mismo: el despertar de la propia espiritualidad

La integridad de la persona que tú como terapeuta eres, cuando entra en contacto con el paciente, puede ayudarle a sanar, a trascender el sufrimiento, a facilitarle aceptación, entrega, rendición y entrar en el espacio de trascendencia que describe K Dowling Singh. Tu presencia, tu madurez espiritual, tu compasión y tu paz interior pueden ayudar a cambiar la experiencia del que tienes delante de ti, seas tú consciente o no de este efecto.

Si estamos de acuerdo con esta visión, debemos entonces aceptar que uno de los aspectos que podemos modificar en el proceso, es el despertar a la dimensión trascendente o espiritual a los profesionales que cuidan pacientes al final de la vida.

Esto implica ayudar a formarse en profundizar en sí mismo para ir perdiendo nuestros miedos, nuestras sombras, ir trascendiendo nuestras cuestiones pendientes y apegos que frecuentemente interfieren en la relación terapéutica.

Como dice Javier Barbero (Barbero, 2002): “Cuando estamos en medio del sufrimiento, somos co-responsables no solo en eliminar sus causas, sino también en la actitud frente a él. Y, en último término, no será tanto un problema que requiera explicación, cuanto un misterio que demanda presencia”.

En su Conferencia plenaria en el congreso europeo (EAPC) de Lisboa en mayo de 2011, Michael Kearney comenzó recordando como conoció el Hospice de St Cristhopher, fundado por Cicely Saunders y donde forjó su vocación de paliativista, como “UN LUGAR DE SANACIÓN” y acabó diciendo que: “La calidad de la presencia que como profesional aportas a la cabecera del enfermo y que puede ayudarle a restablecer sus conexiones sanadoras y trascender el sufrimiento, depende de la calidad de tu vida y en este sentido, el autocuidado espiritual del profesional debe verse como un imperativo ético”.

El acento sobre el ti mismo del mensaje de “ama al prójimo como a ti mismo” resume esta necesidad.

Referencia:
• Javier Barbero (2002). El apoyo espiritual en cuidados paliativos. Labor Hospitalaria; 263: 5-24.





 
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