Grupo Espiritualidad Itinerario de la Persona

5. LA INTERVENCIÓN TERAPÉUTICA

“Un encuentro en profundidad con el que está muriendo puede llevarnos a un auténtico despertar, a una profunda transformación de nuestra forma de entender y vivir la vida.”
Sogyal Rinpoché

“Dios no está en mí, y Dios no está en ti, sin embargo Dios está entre nosotros.”
Martin Buber

ESQUEMA DE LOS PASOS DE INTERVENCIÓN

A través de la intervención compasiva, el que sufre y el que la acompaña acaban en un espacio distinto caracterizado por el crecimiento y la visión madura de la realidad.

Es crucial para atender el sufrimiento, la disponibilidad del clínico para diagnosticarlo, su interés y disponibilidad para conocer sus causas, identificar el grado y los recursos, estrategias y posibilidades del enfermo para afrontarlo.

Es decir que, de forma esquemática, los pasos para la intervención serían:

a) Establecer una relación de confianza y un vínculo terapéutico
b) Identificar el sufrimiento
c) Identificar las causas del sufrimiento
d) Intentar resolver o desactivar las amenazas que puedan resolverse
e) Explorar los recursos y capacidades del paciente para trascender su sufrimiento
f) Hacer un plan de afrontamiento de las amenazas
g) Proceder a la intervención compasiva, orientando el paciente hacia la búsqueda de una visión trascendida de lo que percibe como amenaza.
h) Evaluar el resultado de la intervención y hacer un plan de seguimiento

Nuestra experiencia y la de los autores citados, es que la intervención compasiva del terapeuta, desde el corazón, en sintonía con el sufrimiento del enfermo, desde su vulnerabilidad, desde su propia experiencia trascendente que aporta con su presencia como sanador herido, puede ayudar al enfermo a cruzar el puente que lleva del sufrimiento hacia la aceptación, la entrega y hacia la trascendencia y con ello a la sanación (integridad y coherencia a un nivel de conciencia superior al que presentaba el sufriente ahora transformado).

EL MODELO QUE PROPONEMOS

El modelo que proponemos se esquematiza así:

Sufrimiento >>> ACEPTACIÓN >>>> Trascendencia (SANACIÓN)

Henri Nowen (Nowen, 1996) nos dejo el paradigma del “sanador herido” que describe muy bien como el acompañamiento espiritual parte de compartir la misma condición frágil y vulnerable. Viene a decir que para acompañar hay que crear un espacio donde el otro pueda sentirse acogido, a esto lo llama hospitalidad como respuesta básica a la condición humana de soledad.

Dice: “La hospitalidad es la virtud que nos permite romper la estrechez de nuestros miedos y abrir nuestras casas al extraño, con la intuición de que la salvación nos llega en forma de un viajero cansado” […] “¿Qué exige la hospitalidad para convertirse en poder curativo? En primer lugar que el que hospeda se sienta en su propia casa” (es decir que se encuentre bien consigo mismo, sin miedo, en paz) “y, en segundo lugar, que cree un lugar libre y sin miedo para el visitante inesperado” (un espacio de serenidad y confianza donde el otro pueda sanar, una posada donde reponerse de las heridas).

La búsqueda debe hacerse profundizando en el sufrimiento, atravesándolo, no rechazándolo. Dicen los toreros que la forma de superar el miedo al toro es mirarlo a los ojos. En el momento que miras el miedo a los ojos, desde la conciencia plena, puedes tomar conciencia de cual es su verdadero poder y desactivar el miedo. En el momento en que el paciente es capaz de afrontar, dejando de luchar y ver la realidad con otros ojos, es el momento en que está en condiciones de poder trascenderlo.

Frecuentemente, todos necesitamos a alguien que haya “toreado” antes para darnos la ayuda y el acompañamiento necesarios para atrevernos a mirar el miedo, la muerte o la amenaza a los ojos y quitarle su poder, el poder que equivocadamente antes se le había dado, y retirárselo y tomarlo para si. Dice José Antonio Marina: “La valentía no es un rasgo interno, sino que surge de la conexión con los demás” (Marina, 2006).

Antes debe aflojar, soltar, entregar la imagen equivocada, estrecha, que se había hecho de sí mismo, ver la realidad con ojos nuevos, todo ello gracias a afrontar la amenaza a la desintegración del Ego.

Debemos recordar que ante la persona que sufre hay un poder terapéutico de nuestra presencia, entendida como presencia en plenitud.

El trabajo del profesional en este momento es el de estar presente, desde la serenidad, la confianza y su propia paz interior, viendo y entendiendo el sufrimiento (la amenaza a la integridad) como una forma estrecha e incompleta de verse a sí mismo por parte del enfermo y desde la visión del terapeuta, que reconoce al mismo tiempo la vulnerabilidad pero también la trascendencia del ser que tiene delante sufriendo, puede , poniendo el espejo de su presencia consciente delante, facilitarle que el paciente descubra esta visión mas amplia, profunda que la que tiene de sí mismo. Es un momento de intentar recordarle su naturaleza esencial que pueda verse con los ojos que miran por encima de la contingencia de la enfermedad y la fragilidad, y orientarle en la búsqueda de la dirección adecuada para que el pueda verse a si mismo con estos nuevos ojos que le permitan trascender la estrecha percepción de sí mismo, causante del dolor.

El profesional debe ser un acompañante del proceso en esta búsqueda, manteniendo la conexión empática y compartiendo el proceso narrativo del enfermo, mientras mantiene su compasión.

Referencias:
• Nowen H. (1996). El sanador herido. Madrid, Ed. PPC.
• Marina J.A. (2006). Anatomía del miedo. Un tratado sobre la valentía. Madrid, Anagrama.

LA COMPASION TERAPEUTICA

La compasión es, en nuestro entorno cultural, un término bastante desprestigiado por mal comprendido. Es importante entenderlo y diferenciarlo de la lástima. Dice Sogyal Rimponché en el Libro tibetano de la vida y la muerte (Rimponché, 1994) : “todo lo que se ha dicho sobre la asistencia a los moribundos podría resumirse en dos palabras: amor y compasión. ¿Qué es la compasión? No es solamente una sensación de lástima o interés por la persona que sufre, ni es solamente un afecto sincero hacia la persona que tenemos delante, ni solo un claro reconocimiento de sus necesidades y su dolor; es también la determinación sostenida y práctica de hacer todo lo que sea posible y necesario para aliviar su sufrimiento […]. La compasión no es auténtica compasión si no es activa.”

La compasión a la que nos referimos no es una emoción, sino una actuación a favor del otro para aliviar su padecer. Está excelentemente expresada en la parábola del buen samaritano: “ pero el samaritano que iba de viaje, paso por su lado, lo vio y se compadeció, se acercó a él, le puso aceite y vino en las heridas, se las vendó y cuando acabó, lo subió a la montura, y lo llevó al hostal y se ocupó de él..”

Esta compasión, comienza por la conmoción interna del terapeuta que la transforma en un “ocuparse de él”, es un actuar, empleando la cabeza, movida por el corazón para ayudar eficazmente a disminuir el dolor y el sufrimiento del otro que es percibido como un igual, como un hermano. Es ofrecer nuestra presencia en plenitud y, desde ella, darle poder para que él se descubra a sí mismo conectado a su propia profundidad.

El mensaje no verbal que el enfermo debe recibir del profesional que le acompaña es:“Tu no estás solo en este proceso y tu idea de estar solo y separado de los demás es un sueño de tu mente, del que debes despertar para encontrar tu integridad como persona”, “Estoy aquí para recordarte que somos iguales, que tú eres mucho más de lo que quizás habías sospechado durante toda tu vida, y mientras tu cuerpo se va deteriorando y tus fuerzas físicas van cada vez a menos, vas a ir descubriendo una vida interior, una profundidad en ti mismo, que va a estar cada vez más despierta y te transportará hacia otro espacio de conciencia, llena de paz y serenidad.”

Esta compasión es consecuencia de la unión entre tú y los demás seres humanos. Y es posible transmitir confianza y seguridad en este espacio en la medida en que tu como terapeuta has visto, has vivido en algún momento en ti mismo, la experiencia de este espacio de profundidad que se percibe cuando se para la percepción y se vive sin tiempo, cuando has traspasado alguna zona de sufrimiento y has comprobado como la conciencia continua y se expande. Cuando has vivido alguna de lo que Maslow llamaba “experiencias cumbres”.

La compasión no es una actitud psicológica, es más bien fruto de la conciencia madura, un fruto obtenido de la práctica del silencio. (Berta Meneses, comunicación personal)

Eckart Tolle, un maestro espiritual de nuestros días, ha descrito (Tolle, 2000) muy bien como opera esta compasión, cuando explica: “hay dos aspectos en la compasión, este aspecto dual es la conciencia de compartir con cada ser humano nuestras dos condiciones, la mortal y la inmortal: En el nivel de la forma, usted comparte la mortalidad y la precariedad de la existencia. En el nivel del Ser usted comparte la vida radiante, eterna. Estos son los dos aspectos de la compasión. En la compasión, los sentimientos aparentemente contrapuestos de tristeza y alegría se mezclan en uno y se transmutan en una profunda paz interior. Esa es la paz de Dios. Es uno de los sentimientos más nobles de los que el ser humano es capaz, y tiene un gran poder curativo y transformador”.

Referencias:
• Rimpoché S. (1994). El libro tibetano de la vida y la muerte. Barcelona, Urano, pág. 233
• Tolle E. (2000). El poder del ahora. Un camino hacia la realización espiritual. Accesible en http://librosdeluz.tripo,com, pág.68





 
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