Grupo Espiritualidad Itinerario de la Persona

2.- ¿A QUÉ LLAMAMOS SUFRIMIENTO? RESPUESTAS DESDE UNA ANTROPOLOGÍA RELACIONAL

Hace unos 40 años Cicely Saunders (Clark, 1998 y 1999), al comienzo del movimiento Hospice puso mucho énfasis en la necesidad de abordar el “dolor total”, llamando la atención sobre los aspectos psicológicos, sociales y espirituales del sufrimiento.

Hace casi 30 años Eric Casell (Cassell, 1982) definió el sufrimiento como: “El estado especifico de distrés que ocurre cuando se percibe una destrucción inminente del individuo; y continúa hasta que la amenaza de desintegración ha pasado o hasta que la integridad de la persona puede ser restablecida de alguna otra manera”

El propio Casell (Cassell, 2004) nos recuerda que: “los cuerpos duelen, las personas sufren”. Desde esta perspectiva parece básico si queremos atender el sufrimiento, tratar de reconocer de qué hablamos cuando decimos: PERSONA. Este autor dice que la persona se construye alrededor de un cuerpo, un carácter y una personalidad, un pasado y una memoria, una educación emocional, una forma de afrontar las dificultades, una historia, una cultura, una familia, unas experiencias personales, una red de relaciones sociales y también una relación consigo mismo, una vida interior, unos sueños, creencias, aspiraciones y miedos. También tiene una dimensión espiritual o trascendente, referida a la cualidad de pertenencia a algo mayor que uno mismo, que sobrepasa la propia dimensión física y temporal.

Según el modelo propuesto por Casell, la amenaza a la integridad de cualquiera de estas estructuras de relación puede ser fuente de sufrimiento. Sin embargo, desde una perspectiva clínica, necesitamos acotar este concepto de persona.

Desde el punto de vista antropológico, Francesc Torralba nos recuerda que la persona es una estructura plurirelacional (Torralba, 1998). La persona se relaciona con el mundo natural (la naturaleza), el mundo afectivo (las demás personas), el mundo noético (el mundo de las ideas), el mundo reflexivo (el ser humano con su propia mismidad) y el mundo trascendente (la relación del ser humano con el misterio).

Esta perspectiva de la persona como conciencia estructurada cuya integridad depende en buena parte de la integridad de su red de relaciones, nos puede ser muy útil a la hora de entender, explorar y acompañar el sufrimiento de nuestros pacientes. Y de forma esquemática podemos resumir esta red de relaciones siguiendo a B. Mount (Mount et al., 2007) en:

1) las relaciones que establecemos con nosotros mismos (nivel intrapersonal),
2) las relaciones con los demás (nivel interpersonal) y
3) las relaciones que establecemos con lo demás, lo trascendente o lo sagrado (nivel transpersonal ).

En cada uno de estos niveles de relación, cada uno de nosotros tenemos nuestras fortalezas y recursos, nuestras debilidades y necesidades. Así se han descrito:

DIMENSION INTRAPERSONAL

Sentimiento de INTEGRIDAD (coherencia, armonía).
De encontrar SENTIDO a la existencia y el devenir

DIMENSION INTERPERSONAL

Ser reconocido como persona, respeto a su DIGNIDAD
Sentirse amado y amar. CONEXIÓN
Armonía en las relaciones pasadas: RECONCILIACIÓN

DIMENSION TRANSPERSONAL
Posibilidad de vivir en sus obras, ser recordado y dejar una herencia: LEGADO
Confianza, esperanza: en el cosmos, la historia, un Ser Superior, Dios etc. TRASCENDENCIA.

En la medida en que la biografía de cada uno le haya permitido construir una sana red de relaciones en estas tres dimensiones, puede –como nos muestra Balfour Mount (Mount et al., 2007)- ser menos difícil el afrontar el proceso de morir, por la razón de que se disponen de más recursos, fundamentados en una experiencia de vida con mayor plenitud. Lo contrario también parece ser cierto, la ausencia de integridad, sentido, conexión armónica con las personas queridas, la falta de confianza suelen asociarse con la sensación de absurdo, vacío existencial, así como miedo y ansiedad ante a la muerte.

Si se puede conseguir un sentido de plenitud e integridad al afrontar la muerte (como vemos a veces en la clínica), la dinámica que se use debe ser realmente muy eficaz. ¿Cómo se consigue esto? Cassell (Cassell, 1982) sugiere que la “dimensión transcendental” es fundamental para este cambio. Define dimensión transcendental como: “…una vida del espíritu, sea como sea éste expresado o conocido” y dice: “Parece evidente que la frecuencia con la que las personas tienen sentimientos intensos de unión con grupos, con ideales o con cualquier cosa más grande o más duradera que la persona en sí – el patriotismo es un ejemplo de ello – es evidencia de la transcendencia del espíritu humano. La calidad de ser más grande y más duradero que una vida individual da a este aspecto de las personas su dimensión eterna” Continua diciendo: “La transcendencia es probablemente la manera más potente en la que uno es devuelto a la plenitud después de una lesión a su persona. […] Cuando se vive la transcendencia, la persona es transportada a un paisaje mucho más amplio. El que sufre no está aislado por el dolor, sino que es acercado a una fuente transpersonal de significado y a la comunidad humana que comparte ese significado. Tal experiencia no necesita ser formalmente religiosa; aún así, en su dimensión transpersonal es profundamente espiritual.”

Balf Mount (Mount et al., 2007) corrobora esta afirmación y añade que: la fuente de significado puede ser experimentada como algo intrapersonal, fenomenológico o cósmico (relacionado con la realidad suprema, sea como sea percibida ésta) y transpersonal.

Referencias:
• Casell E.J. (1982). The nature of suffering and the goals in medicine. N. Engl. J. Med.; 106: 639-645.
• Cassell EJ. (2004). The Nature of Suffering and the Goals of Medicine. New York: Oxford Univ. Pr; 2004: 36-41.
• Clark D. (1998). An annotated bibliography of the publications of Cicely Saunders. Part 1: 1958-67 Pall. Med.;12: 181-193
• Clark D. (1999). An annotated bibliography of the publications of Cicely Saunders. Part 2: 1968-77 Pall. Med.;13: 485-501
• Mount B, Boston P H, Cohen S R. (2007). Healing connections: On moving from suffering to a sense of well-being, J of Pain Sym Man.; 33: 4
• Torralba F. (1998) Antropología del cuidar. Instituto Borja de Bioética. Barcelona, Pág. 119.





 
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