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20/03/2018

 

 

 

Me llamo Arantxa y soy pianista y Musicoterapeuta. Cuando hice mi formación en Musicoterapia me interesaron especialmente los cuidados paliativos , aunque jamás pensé que tendría que vivirlos de cerca. En julio de 2017 diagnosticaron a mi padre un cáncer de pulmón microcítico en etapa IV . Mi padre, fumador desde los 14 años asumió que tras el diagnóstico duro y aplastante no probaría ni un cigarro más. Comenzaron las idas y venidas al hospital y todo lo que esto conlleva. Tac, Pet, quimioterapia, ingresos hospitalarios por efectos adversos de los tratamientos, infecciones, fiebre, caída de pelo , radioterapia … y miedo , también miedo. Así tras terminar los tratamientos oncológicos , tanto en el Hospital Costa del Sol de Marbella como en el Hospital Clínico de Málaga, todo parecían buenas noticias. La respuesta al tratamiento había sido completa. No se encontraban evidencias de tumor , así que sólo quedaba celebrar que la vida nos regalaba un tiempo precioso y segundas oportunidades. Pero cuando eres familiar de un paciente con cáncer aprendes a leer más allá de lo que el médico especialista, el oncólogo ,escribe y /o dice verbalmente. Aprendes a ver su mirada, aprendes a observar su respiración, escudriñando cada gesto por si hay algo que no quiere decir porque aún no sea el momento. Mi intuición me decía que un tumor en etapa IV no puede desaparecer por arte de birli birloque y así mi esperanza de robarle horas , minutos y segundos a una de las enfermedades mas duras que un ser humano puede atravesar se desvanecía . Sabía que en algún momento el cáncer reaparecería y mostraría su cara más cruel. Así llegaron los mareos, las caídas , las ausencias , los temblores, los delirios … y en 15 días comenzó un proceso degenerativo doloroso y cruel con mi padre y con nosotros , que ya no podíamos sentirnos meros espectadores porque ya habíamos pasado a ser todos , los actores principales de una película que nunca hubiéramos imaginado ver y mucho menos protagonizar. De este modo se intensificaron las visitas de la doctora de la Asociación Española contra el Cáncer de Marbella y los síntomas mostraban que la enfermedad estaba siendo virulenta y que el cáncer no sólo no se había quedado a la espera , en stand by , sino que había acampado a sus anchas en un cuerpo que ahora se mostraba frágil y vulnerable. Llegados a este punto asumes que la etapa final de tu ser querido está cerca , te das cuenta de que llevas preparándote para este preciso momento desde hace tiempo y que ser fuerte no es no derramar ni una lágrima , no.

Ser fuerte es aceptar que ya no existe ningún tratamiento que haga que la enfermedad no avance. Que a partir de ese momento, los cuidados se intensifican más y más y lo único (que no es poco ) que podemos seguir haciendo es cuidar y amar. Ser fuerte es buscar que tu ser querido muera con dignidad y en paz.

En toda mi historia el azar me mostró su cara más caprichosa. Unos días antes del diagnóstico inicial establecí contacto con una fundación de la zona que trabaja en cuidados paliativos, comenzaríamos con ilusión una colaboración a través de la Musicoterapia con los pacientes que recibían cuidados paliativos. En esos días también solicité información de un Master en Cuidados Paliativos de la Universidad y tenía previsto matricularme, pero quién me diría que la vida me estaba ofreciendo un Master Acelerado en Cuidados Paliativos al tener que ocuparme de los cuidados de mi padre . Agonía , dolor, sedación paliativa, morfina, midazolan, buscapina, estertores… un eterno glosario de términos que se han intercalado durante los últimos días de la vida de mi padre.

Durante todo este tiempo, he tenido muy claro que la única opción viable para que mi padre muriese dignamente era asumir los cuidados paliativos en casa. Esto jamás hubiera sido posible sin la dedicación medica y contención amorosa de su doctora, de Luisa Ronco Dumas de la AECC Marbella. Con su buena práctica médica ha sabido indicarnos y aplicar cada tratamiento en el momento adecuado, pero sobre todo ha sabido acompañar a mi padre en su transición a la muerte , en su proceso de morir. Mi padre falleció el 13 de marzo, 2 días después de su cumpleaños, rodeado de amor, de cariño, de cuidados delicados y respetuosos, sin dolor, sin sufrimiento, mi padre murió en paz , dignamente ,como todos tenemos derecho a morir. Quiero terminar expresando mi agradecimiento a Jose Mejías, enfermero y mi com-padre por su entrega y disponibilidad. A Rosa Villatoro, médico oncóloga y a todo el equipo de oncología del Hospital Costa del Sol por su dedicación médica y por mostrarme que la medicina siempre va de la mano de la sensibilidad e interés hacia el dolor y posible sufrimiento del paciente y de sus familiares .

Gracias a la Asociación Contra el Cáncer de Marbella, a Adela Gálvez , la psico-oncóloga, al director médico Juan Carlos Domínguez por estar pendiente , a las voluntarias, pero en especial a Luisa, nuestro ángel de la guarda.

Gracias a mi madre , por estar y cuidar de mi padre cuando yo no podía. Gracias a Miguel , mi pareja, por querernos tanto.

Gracias a mis hijos , Samuel y Héctor por la ternura, valentía y amor para con su abuelo.

Gracias a mi familia y amigos por estar presentes.

Pero sobre todo , gracias a mi padre por permitirme cuidarle y honrarle en esos últimos días . Gracias por haber tenido el privilegio de dejarme acompañarle a través de la Musicoterapia. Cada canción creada, cada acorde tocado, cada nota revivida y sentida fue bálsamo para él, pero sobre todo sin esperarlo, sin buscarlo , me sirvió a mí para despedirme serenamente , sin traumas y con amor. Sólo es posible transformar el dolor y dejar marchar cuando se ama mucho. Esto ha sido para mí la mejor enseñanza y regalo.

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